No solamente enseño a crear websites, es cómo he construido mis empresas.

Hola, mi nombre es Eduardo Velázquez. Esta es mi historia.

Tener un sitio web bonito no es suficiente para atraer y captar la atención.

Tener la web mejor programada del mundo tampoco es suficiente para atraer y captar la atención.

Cualquiera que viva de su sitio web (sea una aplicación, un eCommerce o un blog) hoy en día, te dirá que se necesita tener una estrategia clara y efectiva en el diseño, el contenido y la promoción de la misma. Debe conectar con tu audiencia e inspirar acción.

Gracias a Dios que tú también puedes aprender a hacer esto.

¿Quieres aprender a sacarle mayor provecho a tu sitio web?

Desde mayo de 2018 he estado diseñado distintos sitios web. He utilizado múltiples plataformas como Shopify, Wix y WordPress (mi especialidad), así como sitios web desarrollados directamente. Más recientemente he decidido a enseñar y a ofrecer productos/servicios que ayuden a emprendedores, marcas personales y PyMEs a crear, crecer y monetizar tu sitio web de manera real y sostenible. No me refiero a tonterías corporativas creadas solo para llenar un sitio web de información, más bien hablo de estrategias de diseño y contenido valiosos que atraen la atención, generan tráfico y desarrollan tu negocio.

Tu sitio web es la embajada de tu marca. En efecto, te ayudaré a diseñarla profesionalmente; pero no nos quedaremos ahí: también te ayudo a crear una estrategia de contenido (hoy en día conocido como marketing de contenido), lo cual es la columna vertebral para hacer que tu empresa se destaque, atraer prospectos y convertirlos en clientes y clientes leales.

«Eduardo ha sido de gran apoyo para mí y mi negocio». – Elízabeth Villamán, Escribir es Hoy

En mi agencia de marketing y desarrollo web, Zume, hemos trabajado con más de 30 empresas a nivel nacional e internacional. Mi carrera empezó como una agencia de un solo hombre haciendo sus propios sitios web. Con el tiempo, nos convertimos en una empresa rentable con una claridad de dónde encajamos en el mercado: la creación, el crecimiento y la monetización de sitios web. Poco después de nuestros inicios entendimos esto, lo cual nos llevó a especializarnos en cómo diseñar, desarrollar y promocionar metodológicamente sitios web.

Nosotros empezamos sin publicidad, sin capital de riesgo y sin un equipo de ventas. Pero cada año, desde el 2019, hemos venido superando nuestras ventas y aumentando nuestro posicionamiento, principalmente a través del boca a boca de nuestros clientes y aliados satisfechos, así como del contenido que creamos.

Gran parte de nuestro éxito se debe a que hemos lanzando productos y servicios concebidos a partir de las necesidades prácticas del mundo real que vemos todos los días en nuestra audiencia.

Pero mi misión nunca ha cambiado: estoy aquí para ayudarte a sacar el mayor provecho a tu sitio web creando su diseño y su contenido centrado en tu audiencia, para que esto te ayude a alcanzar tus objetivos comerciales.

¿Por qué confiar en mí? – Mi credo y mi historia

A decir verdad, no creo en que las cosas se merezcan. Creo que las cosas se ganan. No te diré que confíes en mí porque soy el mejor y no cometo errores. Claramente esto sería mentirte. Más bien quiero contarte de mi historia y mi filosofía de trabajo, ya que quizás puedas encontrar en mi un aliado con quien trabajar tu negocio digital:

Cuando decidí iniciar independizarme, mi primera opción de carrera era como consultor en investigación de mercados. En mis inicios mi situación era la siguiente: tenía cuatro meses sin empleo, estaba ahogado en deudas y tenía varios meses que me había independizado de mis padres. No recuerdo haber vivido mayor crisis financiera en mi vida adulta.

Mi título universitario es de Sociología, pero en mi corazón es de emprendedor. Para el momento donde entré en crisis, estaba próximo a cumplir seis años trabajando en investigación de mercados, casi llegando al proyecto #100. Siempre había trabajado por cuenta ajena, en distintas instituciones y empresas que, con mucho amor y entusiasmo, me dieron el privilegio de formar parte de sus equipos, formarme y crecer.

Trabajar investigación tiene una particularidad: se aprende MUCHO.

Trabajando con estos equipos aprendí mucho sobre investigación de mercados (lo cual se complementaba con mi formación académica), de administración de proyectos y, sobre todo, de marketing..

Como el empleado tiene un solo cliente (su empleador), mi devoción al puesto que tenía me llevó rápidamente a dominar uno que otro proceso y herramienta relacionada al área.

Fruto de mi juventud e inexperiencia, permití a mi orgullo nublar mi juicio e inflarlo y terminé, pues, tomando una serie de decisiones desacertadas que se convirtieron en una profunda crisis financiera, emocional y espiritual.

Honestamente, previo a terminar la universidad, nunca había tenido interés en emprender un proyecto propio en mi área profesional (ni en ninguna otra). Fue justo al graduarme de la universidad que conecté con lo que siempre había visto en mi hogar: los negocios.

Ambos de mis padres son empresarios.

Formaron su primera empresa juntos cuando yo tenía un año de edad. Esa empresa estuvo funcionando hasta diciembre de 2018 –prácticamente por 23 años– sin interrupciones.

En distintas ocasiones pude presenciar a mis padres empezar proyectos nuevos, liderar sus empresas, tomar decisiones estratégicas y vivir a partir de una ética de trabajo basada en la excelencia, la sapiencia y la toma de riesgos calculados. Suelo decir que “el bicho” del emprendimiento me picó cuando terminé la universidad. Fue en ese momento que empecé a soñar y a creer que yo también podía.

Fui movido a emprender por un profundo deseo de ganar más tiempo, mejorar mi calidad de vida y prepararme para casarme en su debido momento.

Probablemente me digas que estas cosas son ¡muy buenas! Y sí lo son; el problema era que lo quería demasiado rápido. Con los empleos estaba ganando muy poco dinero a la quincena, y me endeudé (craso error) para sobrevivir y disfrutar de uno que otro lujo.

En mi interior luchaba conmigo mismo, porque creía que “estaba supuesto” a ser un joven próspero, pero estaba ahogado en deudas y sin tiempo, en vez de vivir mis sueños. Te confieso que me sentí como un fracaso en ese tiempo, fruto de creer que “merecía” cosas por las que realmente no había trabajado ni que me había ganado.

Varios familiares y amigos me apoyaron y durante un período de año y medio, me encausé en uno que otro proyecto. Recuerdo que trabajé unos meses como vendedor de proyectos de construcción (nada relacionado a mi área). Fue todo un desastre. Esto me llevó a darme cuenta de que una de mis fortalezas (fruto de mi experiencia y formación), era la investigación de mercados y el marketing; hay lecciones que solo se aprenden en la aflicción.

Así pues aprendí que, contar con un solo cliente, no era suficiente para vivir la vida que quiero y que crear un sistema financiero que trabaje para mí era lo que necesitaba. Así que decidí empezar a conocer más y educarme.

Más temprano que tarde empecé a construir mi negocio: diseñé una marca, unos productos y servicios, empecé a visitar prospectos, pues mi objetivo era cerrar ventas. Hice una lista una de empresas, a hacer citas y presentarle mi oferta a mis amigos, familiares y empresas. Empecé a crear mi primera cartera de clientes.

Pero no era tan fácil como parecía. Me tomó 7 meses conseguir el primer cliente. Te ilustro mejor mi situación de ese entonces: era mi primera vez, no tenía mucha formación en negocios, contaba con ingresos variables y estaba invirtiendo mucho de lo poco que tenía en crecer esta idea.

El problema era que como no tenía experiencia como independiente ni conocía el mercado, nadie me contrataba los proyectos de investigación. Esos fueron meses de mucho esfuerzo que me dejaron como aprendizaje la importancia de la perseverancia.

Terminé tan frustrado que decidí intentar una vía diferente. Luego de reflexionar, entendí mi principal problema… ¡no había creado las bases comerciales de mi negocio! Por ejemplo, no había hecho una investigación de mercados, no tenía claro el perfil de cliente (o segmento del mercado) al que me dirigía, no había preparado bien mi oferta de valor… no tenía una web.

Así de irónico, así de cierto. Así fue como llegué a la frase: saber cuesta menos que no saber.

Tan solo le dimos un giro a nuestra marca y crecimos en siete meses el doble de lo que habíamos crecido en el último año y medio. Y el año siguiente, solamente durante el primer cuatrimestre, habíamos facturado la mitad de lo que facturamos el año anterior. ¡Increíble!

Hacer una investigación de mercados y pasar por un proceso de repensar estratégicamente nuestro marketing, resultó en el crecimiento que necesitaba para estabilizarme y salir de la crisis.

Esto nos funcionó sólo un año, lo cual le dio inicio formalmente a mi agencia de marketing digital y desarrollo web, Zume. Luego, seguimos profundizando en nuestro modelo de negocio y nuestras propuesta de valor.

Nos dimos cuenta de que necesitábamos ofrecer servicios recurrentes para cubrir nuestros gastos fijos. Con el equipo nos dimos cuenta de otra fortaleza que nos fue dada: la capacidad de escribir. Más allá de una escritura académica, descubrimos que tenemos talento en el copywriting.

Entonces nos convertimos en una empresa de investigación de mercados y marketing digital para negocios online. Por un tiempo nuestro producto estrella fue el copywriting y SEO a través de WordPress. En esto nos dimos cuenta de la necesidad de operacionalizar las estrategias y actividades de marketing que tienen nuestras marcas.

Como dicen por ahí, una cosa me llevó a la otra. Me involucré tanto en la creación de contenido para sitios web que terminé desarrollando una pasión por el diseño de sitios webs, interfaces digitales (UI) y experiencias de usuario (UX).

Dar este giro significó madurar mucho, no solo como profesional, también como equipo. Luego de este giro, ya no nos enfrentamos al rechazo como antes; tenemos una tasa de retención del 80% de nuestros clientes por más de seis meses y nuestro posicionamiento ha crecido––gracias a Dios.

En mis experiencias laborales pasadas había visto el impacto que una estrategia de contenidos tiene un sitio web, y los buenos resultados que pueden ofrecer a una marca, pero nunca lo había vivido. Desde entonces, he visto esto pasar una y otra vez.

Es muy común ver emprendimientos que no terminan de despegar porque hacen un sitio web que:

  • No se construyen pensando en sus usuarios/clientes y no conectan.
  • Tiene prácticamente cero (0) visitas.
  • Asimismo, tampoco le generan prospectos ni clientes.
  • Se sienten frustrados porque no saben qué hacer…

Si te identificas con esto, créeme que te entiendo. He pasado por ahí.

¿Sabes cuándo nuestra web despegó? Cuando nos detuvimos a pensar en cómo servir mejor a nuestros usuarios. Todo empieza con hacer la investigación de mercados (externo) y luego una reflexión de nuestras fortalezas y debilidades para construir un plan de acción para nuestra plataforma digital.

Estas tres cosas son el punto de partida para monetizar una web.

Como cristiano, para mí trabajar no solamente tiene que ver con ganar dinero, sino también en dejar una huella: el real impacto está en ver negocios y familias prosperar; equipos de marketing y ventas tomar mejores decisiones, conectar diáfanamente con sus clientes y satisfacer sus necesidades.

De ESO es que trata lo que hacemos.

Lo que quiero es darte esperanza y ayudarte, tanto a ti como a tu equipo, a crear, crecer y monetizar tu sitio web, independientemente de su tipo.

Recuerda que prosperar es consecuencia de satisfacer las necesidades de los demás y/o hacerles más felices.